Tu Voz
Siente la evidencia del cuerpo.
Pese al dolor, tan reciente como eterno, saborea el maravilloso peso del abrazo.
Así, haz que me crea viva.
Ese tesoro tantas veces despreciado bajo el traje de la ignorancia, la vida, ocupa su lugar ahora, precisamente ahora, que el dolor ha roto ese disfraz.
Abrazada a ella se siente por primera vez repleta, arrebatadoramente plena, después de semanas donde todo era oscuro y sólo el dolor encontraba sitio. Y el miedo.
Háblame. Tu voz era lo que me unía al pasado, arañándole pena al presente. Con tu voz daba forma a la esperanza y me atrevía a llamarla futuro. Háblame ahora, que te siento, que te veo, que no sólo te sufro, que no sólo me sufres.
Háblame, que quiero darte otra forma y otro rostro.
Hay mucho ruido. Siempre hay ruido en un hospital, mi niña. Solía decirle la voz. Pero no te creas, en esta planta es dolor, pero hay otros lugares llenos de vida, en maternidad, ¿sabes?, allí todo huele a luz y esperanza.
La voz sabía buscar en las esquinas el lado bueno de las cosas. A su hospitalización. ¿Cómo nos hubiéramos conocido sino tú y yo?, eres demasiado joven, o yo demasiado vieja, para habernos cruzado en otro lugar. Pero la voz no era vieja, porque las ganas de vivir desprecian el paso de las estaciones. Han sido días oscuros, noches opacas preñadas de la soledad del dolor. El dolor provoca eso, cariño, le decía la voz, porque sólo tú puedes sentirlo, ¿a que sí?, y no entiendes su lenguaje, sus razones, y no encuentras, ni buscas quien te lo explique.
Y así ha ocurrido.
A su lado han estado todos, padres, novio, amigos, personas a las que ha querido, y sin embargo, se sentía tan sola que su enlace con la vida era una voz, una hasta entonces desconocida melodía de palabras y susurros ahítos de esperanza. ¿Para qué voy a decirte que estás mal, que lo que te ha pasado es una putada?, ya lo sabes, prefiero hacerte reír, aunque te duelan los labios y los ojos. Reírse, piensa mientras prosiguen los ruidos y el abrazo, y la voz le da la bienvenida.
Hola, cariño, qué alegría verte. Sonreír, que cosa tan simple, arquear los labios, dejarse llevar, emitir un sonido. ¿Y si el dolor no deja?, ¿y si no puedo reírme aunque quiera?. Pero la voz era tozuda. Cariñosa, pero terca. Segura, pero entregada. Claro que puedes reírte, ríete por dentro, engaña al dolor, busca una sonrisa furtiva y que le den vaselina a tus labios.
Era cierto, ella, la voz, era capaz de hacerla reír, a veces tanto que la risa brotaba del rincón encontrado y le partía el labio abrasado. Pero merecía la pena. ¿Qué hubiera sido de mí sin ti?, piensa mientras busca saldar en el contacto la morosidad afectiva. No dice nada, se limita a escuchar. O se lo dice por dentro, como una carcajada de las aprendidas, con la esperanza de que salte su ajada piel, la camisa, la bata y se esparza en el pecho, para alimentar la voz de quien la sigue abrazando.
Sé lo que me vas a pensar, pero me importa poco lo que me digas, el caso es que te encuentro estupenda. Es la voz. A la voz se le puede permitir todo, le ha dado la vida como una segunda madre, nada debe negársele. Sí, no me encuentro mal. Responde al fin. Por lo menos hoy he sido capaz de salir de casa. ¿Y de reírte?. Por dentro, como me enseñaste, me gusta más. La voz sonríe, porque la voz, ahora lo descubre, tiene unos labios. Unos labios adictos al balanceo, a los sonoros besos, van una docena desde que se fundieran hace una eternidad. Y también tiene un rostro, generoso, con dos enormes soles que parecen jugar a la comba con sus labios.
Y los ojos. Despiertos. Vivos. Son como tu voz. Piensa, o lo dice, porque está confundida, la emoción y la falta de energía están jugándole una mala pasada. ¿Qué le pasa a mi voz?. Nada, que ya la echaba de menos, y mira que me duele recordar. Anda, princesa, no te pongas melodramática. La voz también tiene un cuerpo, abrazado por una bata que huele a noches de vigilia y esperanza, a despedidas repentinas y a vida reencontrada.
Te imaginaba más mayor. Cuando hablo con princesas como tú intento poner voz de mujer madura, para que no me toméis por el pito del sereno, ¿cómo ibas a quedarte quieta en las curas?. Las frases de la voz. Las risas de la voz. Si pudiera enlatar este sonido, secuestrarlo, hacerlo suyo, la vida sería mucho más sencilla y el dolor un actor secundario. Ya se lo dijo la voz. No te acostumbres a estos cuidados, princesa, la vida va a seguir, antes de que te quieras dar cuenta estarás en la calle, volverás a lo de siempre, todo será igual y no me tendrás a tu lado.
Parecían ínfulas de enfermera de vuelta de todo. Pero siente que es verdad, lleva una semana en la calle, en la libertad y ha comprobado que solo para ella el tiempo se había detenido. El mundo sigue en marcha ahí fuera, princesa, no lo olvides. Una semana y echa de menos esa voz, la seguridad que se abría con el tintineo simpático de sus zuecos.Añora los “buenos días” sin rostro, los “cómo se ha levantado la princesa de la sonrisa oculta”.
Y la vida seguirá. Sin prisas, princesa, le dijo en la despedida. Todavía sin luz, con el cuerpo molido de mantenerla en vida, con las heridas henchidas de súplicas, con los brazos derrotados y las piernas a punto de rendir las naves. La vida seguirá. Una verdad tan grande y a veces tan dolorosamente incierta, que resultó una maravillosa evidencia el día que abandonó la unidad, el día que se calló la voz.
Fue una mañana soleada, recuerda todavía abrazada y sin sobreponerse al paso de darle forma a la voz. La gente a su alrededor sonaba feliz. Tal vez ella también sonara del mismo modo. Pero estaba aterrada, la dichosa vida que sigue, pensaba, y yo no me atrevo a buscar su estela. No eres la misma, le decía la voz horas antes. Esto cambia a cualquiera y te sentirás desconcertada, porque la medida de las cosas ha cambiado, ahora valorarás lo más sencillo y te costará acostumbrarte.
Es como si vinieras de la nada, como si volvieras a nacer. Volver a nacer, eso sería mejor que seguir viviendo con la condena de haberlo perdido todo y la incertidumbre de no saber ni cuanto ni cómo será recuperado. Seguir viviendo daba miedo. Pese a ella, pese a la voz, que siempre encontraba el pincel para cambiarle los colores a ese miedo. Ahora verás a tu novio, ese que ha estado aquí noche y día, que parecía el parte del mobiliario, casi se lo llevan con la mudanza, lo mirarás y te parecerá más guapo, más alto, más listo y que te quiere más que nunca. Cuanto sabe la voz. Cuando las luces, lechosas, empezaron a revivir y llegaron las primeras sombras, las primeras figuras, la que apareció a su lado fue la de Jose, el soldado fiel. Resultó más fácil hablarle a una sobra que a un recuerdo.
Hola, cariño. Hola, príncipe, le dijo ella, sin darse cuenta de que homenajeaba a la voz, la que debía quedar atrás, en la vida perdida, o en el principio de la reencontrada, ¿dónde situar los últimos meses de horror?. En casa, en su habitación irreconocible aun siendo la que era, pese al dolor, pese al miedo y la incertidumbre, sonrió. Por dentro, sí, pero sonrío. Ella lo hubiera notado. ¿El qué, mi vida?, preguntó su madre, mientras con cariño balsamizaba su cuerpo contra el dolor. De que estoy sonriendo. ¿Quién?. Nada, mamá, no te preocupes, estoy un poco atontada. Era difícil reencontrarse tan despacio con el mundo. Quiero verla. ¿A quién?, preguntó Jose, entregado y dispuesto. A ella, a la voz. Él si lo entendió. Había visto, y casi recelado, la comunión de su novia y la que para él era algo más que una voz, porque podía verla, hablarla, tocarla, juzgarla. Sí, en cuanto puedas andar iremos a saludarlas, se han portado estupendamente con nosotros. Ese nosotros le gustó. Cosas como esa han hecho que estos días de vuelta no hayan sido tan difíciles. Verás como las pequeñas cosas las vas a saber valorar mucho mejor. La voz siempre ha tenido razón.
Y aquí está, abriendo los ojos todo lo que su enfermedad le permite, abrazando y sintiendo el continente de un contenido, la voz, que tendrá impregnado en su alma para lo que le quede de su nueva vida, la regalada. No te imaginaba tan joven, le repite cuando rompen por fin el abrazo. Porque le resulta extraño, no encaja.
En el tiempo pasado en la Unidad del Dolor, además de intentar entender la locura que le había tocado en la ruleta del destino, sin un simple aviso, sin saber tan siquiera que jugaba a un juego tan cruel y despiadado, sobrevivía dándole forma al mundo que había dejado de ver y que, curiosamente, nunca había visto antes. Inventar de los recuerdos una realidad desconocida, ¿cómo podía ser posible?. Esos pensamientos, como llegados de un mundo oculto dentro de su cabeza, la asaltaban. Parecían botes de humo para disipar la evidencia del presente. Narcóticos del pensamiento, le decía la voz. Porque la voz siempre, por suerte, tenía algo que decir, interesante, divertido, apropiado. Eres mucho más joven de lo que imaginaba, le repite antes de fundirse en otro abrazo. En el camino ha intentado retener en su memoria, la de hoy, la de este instante, la que se nutre de sus ojos de aprendiz, las facciones, los gestos, los rasgos de María, la voz. Y cerrados ya los párpados en el abrazo, desliza esos trazos por su memoria, para que se mezclen con los que habían nacido en la oscuridad. El pasado y el presente, como dos líquidos de distintos colores, se funden lentamente hasta dar uno nuevo, de un color diferente, mezcla de todos, de los de ayer, oscuros, pero brillantes, y de los de hoy, claros, aunque demasiado mate por el miedo. Y ese nuevo color se llama María, y es también la voz, porque la voz ha dejado de ser eso, sólo voz, y ahora también es carne y piel, y luz, y sonrisa, ahora es también M A R Í A, con mayúsculas. Ya no es parte del presente inventado, aquel que nacía en los silencio oscuros del hospital, sino del hoy que aprende a ser luminoso, que lucha por reencontrar los lugares comunes para instalar todo lo aprendido, todo lo que le queda en la maleta de la lucha que empezó cuando alguien apagó las luces a su vida. ¿De verdad te encuentras bien, Sara?. Le pregunta María, porque la nota temblorosa, con la respiración entrecortada, quizá demasiado. Sí, responde, te prometo que ahora me encuentro perfectamente.
Actualizado (Jueves, 28 de Enero de 2010 17:44)








