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Hoy: 10 Sep, 2010
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La Señora Clemencia

La señora Clemencia vivió durante 45 años en una casa grande y hermosa de

este pequeño pueblo, su vida, la de sus hijos y sus más íntimos secretos llegaron

a mis oídos a temprana edad. Clemencia Bueyes murió dejando 2 gemelas y un

hijo adoptivo quien hoy hace parte de mi familia.

 

En el año de 1953 Clemencia y su esposo se encontraban escapando de la

violencia política y en busca de crear un hogar. Llegaron a este humilde pueblo

donde aun no existían carreteras u hospital alguno y se instalaron en una

pequeña casa con puertas grandes y dos habitaciones. Allí designaron un área de

trabajo y una para su privacidad.

 

Clemencia, huérfana desde los 8 años y experta cocinera, inauguro un pequeño

comedor donde los campesinos obtenían su alimento a bajo precio, haciéndose

este en poco tiempo un negocio rentable. El pueblo fue creciendo y con el tiempo

Clemencia y su esposo compraron una casa de paredes rojas y puertas marrón

junto a la iglesia donde generalmente se albergaban los visitantes.

Deseando tener hijos, Clemencia trabajaba fuerte y disciplinadamente para su

futuro como madre. La pareja trabajaba extensas jornadas y no tenían muchos

familiares, se sentían y estaban muy solos. Concientizándose de que luego de 6

años de matrimonio ella jamás había quedado embarazada, Clemencia ahorro

dinero durante meses para poder visitar a un medico especialista en la ciudad

mas cercana.

 

Pasado un año, Clemencia se acerco a su cita con el Dr. Cevallos, quien la

atendió explicándole que presentaba un crecimiento de tejido endometrial fuera

del útero, ella tenía endometriosis.

 

Clemencia busco segundas opiniones, la mayoría parecían coincidir en que ella

tenia un desequilibrio entre los niveles de estrógenos y progesterona. Le hablaron

de la posibilidad de tener este problema debido a dioxinas en el medio ambiente y

otras posibilidades, sin embrago, para ella, entre las opciones explicadas por los

médicos, fue el estrés continuo el que le trajo ese infierno.

 

Colmada de tristeza a pesar de que le explicaron que la endometriosis es una

enfermedad común y posiblemente podría tener hijos en el futuro, Clemencia

quien ya tenía su vida alterada, sentía que su dolor y su enfermedad no solo

afectaban sus relaciones de pareja, familiares y laborales pero ahora también

amenazaban sus posibilidades de reproducción. Clemencia se hundió en una

depresión severa.

 

Con el tiempo Clemencia continúo su vida dedicada a Dios y a su trabajo, sus

días pasaban inconformes y a pesar de sus frecuentes y dolorosas relaciones

sexuales con su pareja, pasaron años sin que ella quedara embarazada.

Viendo la intranquilidad de su esposa y las largas jornadas que ella laboraba,

Julio le vendiendo el comedor a un comerciante que llegaba al pueblo dispuesto a

trabajar, con ese dinero Clemencia inauguro un nuevo negocio que le brindara

más tiempo libre y le permitiera viajar continuamente a la ciudad para realizarse el

tratamiento sugerido.

 

En aquel momento Clemencia y su esposo llevaban un oficio productivo con la

venta de medicinas, Clemencia se preparo como la única enfermera de aquel

lugar y los clientes no se hicieron esperar. Viviendo en el campo estaba

acostumbrada a curar las heridas más profundas y manejar las hemorragias más

desafiantes, Clemencia aprovecho sus viajes a la ciudad no solo para estudiar

sino para buscar un hijo.

 

Clemencia tenía algo en mente y sin consultar con su esposo fue a varias casas

de adopción hasta encontrar el niño que ella deseaba tener. Después de hablar

con la casa de adopción y advirtiendo necesaria la firma de su esposo para

adoptar el niño que le llenaba los ojos de alegría, Clemencia se vio forzada a

contarle a Julio sobre su intención de adoptar. Después de meses de continua

prohibición, finalmente el hombre accedió reiterando que la adopción era una

locura.

 

El niño creció fuerte, saludable e inteligente, ayudo a sus padres a trabajar y

permaneció en su casa para ver el embarazo de su madre ocho años después.

Clemencia quedo embarazada, pero las gemelas no eran de su esposo. Ella tuvo

una obsesión, se enamoro de su mejor amigo quien siempre estuvo pendiente de

su condición y quien cuidaba de que Clemencia tendiera los tratamientos y

continuara siendo una mujer fuerte y capaz para su hijo quien cada vez

demandaba más atención, en su primer y único encuentro Clemencia quedo

embarazada.

 

Clemencia huyo, tuvo suerte de encontrar la forma de tener dos hijas propias y

nada evitaría que las tuviera. Temiendo por la crueldad con la que el mundo

trataría a sus hijas, se mantuvo alejada de lugares donde fuera reconocida.

Clemencia sufría, no solo de dolor físico pero espiritual, llevaba muchos años de

vida junto a su esposo quien a pesar de tener poco en común con ella y no desear

tener hijos con tanto fervor, era un buen hombre y la amaba.

 

El esposo de Clemencia fue en su búsqueda, él pidiéndole perdón de rodillas le

rogo que volviera a casa, el niño sufría sin su madre y definitivamente quería ser

padre de las dos hermosas gemelas en camino. Julio, su esposo, era estéril y

nunca lo confeso por temor a que ella lo dejara. Sabiendo que Clemencia estaba

enferma Julio se aprovecho de la situación para culparla a ella de la imposibilidad

de procrear.

 

Clemencia y Julio se unieron en el amor de familia y cumplieron los sueños que

tenían en mente desde aquel Abril de 1953 cuando escaparon de la violencia y

llegaron a este acogedor lugar que fue su hogar y el de sus hijos por muchos

años. Las menstruaciones abundantes, las relaciones sexuales dolorosas y el

malestar lumbar acompañaron a Clemencia hasta la muerte, pero así mismo la

acompañaron su esposo y sus tres hijos.

 

Yo soy la nieta de Clemencia, ella fue una gran mujer y nos dejo grandes

enseñanzas pero también nos heredo, sin ella quererlo, la endometriosis.

 

 
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