Cogiendo las Riendas de mi Vida
Os presento a Ángela, una chica joven, sociable, con ganas de conocer gente y de comerse el mundo.
Sus planes a medio y corto plazo eran disfrutar de su pareja, desarrollar su carrera profesional, en definitiva, lo que a cualquier mujer de hoy en día le gustaría hacer con treinta años, que era los que Ángela tenía en ese momento. Pero, un día de primavera todo cambió.
Ángela se encontró en su camino una enemiga inesperada a la que ni siquiera vio venir: la endometriosis. Hasta ese día, sus únicas preocupaciones eran esforzarse en su trabajo, pagar el alquiler, salir con los amigos, decidir el próximo destino de sus vacaciones, etc. Cosas sin importancia, que para buscarse quebraderos de cabeza ya habría tiempo. Pero, en una visita rutinaria el médico le dijo por primera vez la palabra maldita y se quedó paralizada. Desconocía a qué se enfrentaba y eso no le gustaba ya que estaba acostumbrada a tenerlo todo controlado a su alrededor.
Tras una segunda opinión médica, con el mismo resultado, le dijeron que tenía que operarse para confirmar el diagnóstico y después intentar tener descendencia, ya que iba a estar complicada la cosa y cuanto antes se pusiera a ello mejor. ¿Un embarazo ahora? ¿Ya? Si no estaba preparada…. Desde luego no entraba en sus planes a corto plazo un embarazo y además no le agradaba nada comenzar algo que “alguien” había decidido por ella.
La primera semana que tuvo conocimiento de su enfermedad lloraba en silencio, se enfadaba continuamente consigo misma, con los demás, con el mundo. Como si eso fuera a arreglar algo. En ocasiones se sentía sola, perdida, desesperada. ¿Por qué a ella? ¿Por qué ahora? Un día cualquiera mientras navegaba por Internet buscando información sobre la enfermedad, encontró a mujeres como ella, con los mismos miedos, las mismas preguntas e inquietudes, la misma mirada. Ángela se dio cuenta de que a pesar de ser mujeres aparentemente muy diferentes, no sólo tenían en común la enfermedad que les había invadido sino la fortaleza con la que afrontaban cada día.
Estos encuentros y algunas de sus historias le hicieron pensar en su nueva situación y en cómo abordarla. Así que después de pasar por las etapas de incomprensión, negación, rabia, ya había llegado a la de aceptación. Estaba claro que su enemiga había llegado para quedarse, así que, o vivían las dos en el mismo cuerpo y aprendían la una de la otra, o la desesperación la llevaría a la locura. Tras muchas preguntas, algunas sin repuesta todavía, y muchos testimonios, una de las lecciones que aprendió Ángela es que “aceptar” no era sinónimo de “rendirse”, pero sí de “supervivencia”.
En la actualidad, Ángela ha decidido que su lucha debe ir encaminada a dar a conocer a los demás que la enfermedad existe, que es cruel y a veces silenciosa. Una lucha encaminada a gritar a quien quiera oírle que hay mujeres cuyo dolor les impide trabajar, disfrutar de la vida, los amigos y la familia. Mujeres que en algún momento de su vida tuvieron en su mirada el brillo de la inocencia, de la esperanza. Encaminada a arropar, abrazar y apoyar a toda mujer enferma que necesite ayuda, y sobre todo a escuchar, ¿quién te puede entender mejor que aquella que sufre tu dolor?
Tras la operación y una menopausia artificial inducida, llegó la hora de plantearse la maternidad. Palabra que pone nerviosa a más de una mujer y sobre la cual Ángela ha reflexionado hasta la saciedad. El tema se complica cuando debes contestar a ¿salud o enfermedad? ¿en qué momento retirarse? ¿merece la pena arriesgar? Y todo esto mientras tu deseo de ser madre te pone una venda en los ojos sobre lo que está pasando en tu cuerpo mientras te atiborras de hormonas.
Esto enoja enormemente a Ángela porque se ha dado cuenta de que está en el siglo XI y no se ha avanzado nada, el rol de mujer-madre sigue latente y parece que el tener hijos sigue siendo uno de los motivos por los cuales la mujer está en este mundo… irónico para muchas de estas enfermas. Son mujeres fuertes, independientes, profesionales y les sigue intimidando que les pregunten “y tú, ¿por qué no tienes hijos?” a lo que deberían contestar “y tú ¿por qué los tienes”. Es sencillo preguntar para mujeres que al único dilema al que se han tenido que enfrentar ha sido “tener o no tener”. Ángela siempre pensó que quien no arriesga no gana pero, encontrar el equilibrio no es fácil y saber retirarse a tiempo es una virtud que muchos desconocen.
Desde que Ángela conoció a Rafa, su gran amor, siempre pensó que algún día tendría un pedacito de él, y que juntos conseguirían que su amor diera frutos. Hoy Ángela, ve más lejos que esto suceda y esto le amarga enormemente. ¿Por qué el gran amor que los une no es suficiente para lograrlo? No es justo, pero es lo que hay. Ángela ha aprendido que, si al final no lo logran, siempre se tendrán el uno al otro, porque el amor que se profesan no se extinguirá a pesar de la enfermedad.
Finalmente, Ángela se conoce, sabe que es fuerte, muy fuerte, y aunque en ocasiones caiga en la oscuridad, ha aprendido a salir de ella. Además, se considera afortunada por haber encontrado al amor de su vida, aquel que la entiende, la ama, le hace reír, en definitiva, aquel que consigue que se olvide de su enfermedad cuando está a su lado, aunque sólo sea por un instante, para ella es suficiente. Definitivamente, Ángela ha decidido coger las riendas de su propia vida, pese a quien pese.



















