Echando la Vista Atrás
¿Que tienes qué?, pero eso ¿qué es?, tú estás segura de eso, pues no sé, no lo he oído
nunca, que rara eres hija, ¿quistes de chocolate?, ¿cómo va a crecer regla fuera del
útero?, ¿tú estás segura de eso?.
Estas y otras frases por el estilo son las que he escuchado durante muchos años.
¿Cómo empezó todo?, ya ni lo recuerdo, me acuerdo de mi primera operación: no, no te
podemos operar tienes fiebre, pero el de la fiebre era mi marido, estaba tan nervioso
y preocupado que se puso malo, me acuerdo de la gotera del quirófano, sí, sí una
gotera, yo tumbada, mirando al techo y pensando, pues no parece un sitio muy limpio...
¿por qué no me levanté? ¿por qué hacía lo que el médico me decía?; me acuerdo de las
pruebas que me mandaban que no entendía, del dolor, de la incomprensión.
...coche nuevo ¿eh? Y los niños ¿para cuándo?, se te va a pasar el arroz, yo a tu edad ya tenía dos.
Bla, bla, bla, y que hacía, ¿contaba mi vida?, no, solo sonreía y esperaba el próximo
comentario, que sería en el trabajo, en alguna reunión familiar, en el portal de casa.
Me acuerdo también de la pérdida de amigas, tus amigas inician una vida con niños
diferente a la tuya, una vida que duele, una vida que tú quieres y no puedes llevar, y te
proteges y no te apetece ver a la “familia feliz” y te distancias e inicias otra vida, de
la solidaridad mal entendida: ven, ven que vamos a bañar al niño, no te preocupes
tonta, ya verás como pronto tendrás uno “frases hechas”, y el mira, mira que rico es
¿verdad?, sí, sí muy rico el niño. Nadie se daba cuenta, en el fondo nadie intentaba
ponerse realmente en mi lugar.
A mí que me importa tu niño, yo quiero el mío.
Y luego el ¿por qué no adoptas uno? , y tú pensando “adoptalo tú” yo quiero uno mío.
Pero no lo estoy contando bien, solo estoy reflejando la rabia, la envidia (no hay
envidia sana, la envidia no es sana) que te corroe, pues todas están embarazadas, tus
amigas, tus primas, tus vecinas, el mundo entero está embarazado menos yo.
Me casé joven, ahora dirían que demasiado joven, pero era feliz, cumplía con el plan
que todas nos marcamos inconscientemente, novio, piso, trabajo, boda y ... ahora toca
los niños.
Los niños, no venían, que raro, un año, otro ¿vamos al médico? Podemos preguntar, no
sé a lo mejor no podemos...
Y fuimos... todo bien, solo un empujoncito, parece que no sois muy fértiles, unas
pastillitas y al cabo del tiempo VIVA, VIVA, estoy embarazada, pero duró poco
exactamente 8 semanas, que raro mancho un poco, urgencias, ecografía y: ¿todo bien?
No señora está muerto (que delicadeza, que tacto), y ahí empezó todo, pruebas, más
ecografías y primera operación, resultado: nada, nada tienes un quiste de chocolate
(que exótico, suena dulce) pero lo he quitado, no creo que salgan más. Ahora pensaréis
que me explicaron algo, que me iba a enterar del nombre de la enfermedad que me ha
acompañado toda mi vida fértil, pues no, no me enteré, o no me lo explicaron bien, ha
pasado mucho tiempo.
¿Cambiamos de médico?, cambiamos.
De consulta privada a otra consulta privada, reconocimiento y explicación de la
enfermedad, buf! Que mala pinta, que mal suena, no me gusta nada.
ENDOMETRIOSIS, endo ¿qué? Y por fin te lo explican. Claro, si ese dolor no era
normal y como no te gusta lo que oyes...
¿Cambiamos de médico?, cambiamos.
Hospital público: Ginecología funcional (eso es que algo no funciona, estaba claro) cada
día un médico distinto “señora esto es un servicio jerarquizado, no importa quien le
vea, es lo mismo”, pero no, no es lo mismo, no te conocen, eres un historia en un papel,
que el que lo lee hace lo que puso el anterior; pruebas, más pruebas, marcadores
tumorales ¿tumorales? ¿pero es que tengo cáncer?, no, no tiene cáncer.
Y... ¿ahora qué?, bueno lo mejor es tener un hijo, que gracioso el médico, como si fuera
fácil, es fácil si eres una adolescente, si no lo buscas, si tienes muchos, pero con
endometriosis es difícil, muy difícil.
Siguiente paso: Servicio de Fertilidad (o Servicio de Ginecología, no consigo
acordarme), pruebas, más pruebas, más dolor, más cansancio, más quistes, más
operaciones; solución quitemos la regla artificialmente, ah! Que buena idea pero ¿eso
se puede? Sí, sí, con un tratamiento, que te quita la regla pero que no funciona, porque
sigues con quistes cuando la regla vuelve, luego con otro tratamiento, que tampoco
funciona.
¿Fecundación in vitro?, en este hospital no hay, solo hay uno público en Madrid que lo
hace.
¿Vamos? Vamos.
Lista de espera, y espera, y espera y por fin: Primera consulta llenos de esperanza y el
especialista: ¿con endometriosis? No, no, no está indicado, mucho peligro, podemos
conseguir un embarazo pero un nacimiento..., complicado ¿por qué se creen que sale en
los periódicos cuando nace un niño con este método? Porque es difícil, señora puede
Vd. acabar en la UVI (hiperestimulación ovárica, problemas renales), y negro muy
negro.
Vámonos, ya tenemos bastante con lo que tenemos.
Pasan los años, de revisión mensual a trimestral a semestral ¿a anual? No, no, anual no.
Siguen pasando los años, llevándolo como se puede, temiendo la regla pero viendo el
lado positivo, “el ahorro en anticonceptivos” y de repente ¿que raro? Este mes no me
ha bajado la regla, bueno estarás empezando con la menopausia.
Visita al médico, y la enfermera riendo: a ver si vas a estar embarazada.... bueno que
graciosa, pero vamos a hacer la prueba. POSITIVO ¿positivo? Después de tantos años,
no puede ser, pero es.
El primer sentimiento, “que miedo” y si lo pierdo otra vez; venga mujer no seas
pesimista, ya tienes el cupo cubierto.
Petición de historia, traslado a Obstetricia, primera revisión, todo bien, embarazo de
alto riesgo, a casita y en reposo.
Pasan 8 semanas, mancho un poco, ¿otra vez? urgencias, ecografía.... que ¿todo bien?
No, señora no, no va bien, no hay latido, tiene que ingresar.
Imposible, no me puede pasar dos veces, vamos a otro hospital, quiero otra ecografía,
quiero otra opinión.
¿Vamos o otro hospital? Vamos.
Es inútil, el mismo diagnóstico.
Vuelvo a estar yo sola otra vez, ya no hay nadie conmigo, ya no hay bebé.
Te duele el alma, depresión, desesperanza, controles, análisis....
Y un día ya no es Ginecología funcional, vaya, Unidad de Endometriosis, si esto es así
es que hay muchas como yo y eso quiere decir que desgraciadamente siguen llegando
mujeres, mujeres jóvenes, que no saben nada de la enfermedad, que en la sala de
espera te preguntan:
Oye ¿llevas mucho viniendo? (Y que dices ¿20 años?) no, dices: sí un tiempo.
Y ¿qué tal? Y tú bien, bien.
¿Sabes algo de la enfermedad? (Y tú sabes mucho, todo lo que has podido averiguar, y
todo lo que has vivido) pero dices, bueno es mejor que le preguntes al médico.
Pero ellas insisten.
¿Te han operado alguna vez? (Y no dices, muchas veces) dices sí alguna que otra.
Pasa el tiempo, ves gente nueva, gente antigua, mujeres con su madre, mujeres con su
marido, tú ya vas sola, es una rutina, ya no hay nada que hacer solo esperar la fatídica
noticia. Y llega, porque todo llega, llega la noticia esperada, la noticia que sabías que te
darían tarde o temprano: hay que operar de nuevo y es la operación definitiva, vas a
perder el útero.
Crees que ya no puedes llorar más, porque ya has llorado mucho, pero lloras ¿para qué
quieres el útero? Ya no te sirve, sí, sí, pero es mi útero, es mi última esperanza,
cuando se vaya, se irá mi esperanza. Te permites llorar, hacer tu duelo particular,
despedirte de él y seguir adelante.
Y un buen día te das cuenta que la vida sigue, que la vida es hermosa, que estás
estupenda, que ya no echas en falta los hijos, que estás feliz, que ir al ginecólogo cada
6 meses es como ir a tu casa, que el médico te conoce, que te conoce la enfermera, y
lo mejor de todo, QUE YA NO TE DUELE MÁS, que es fantástico, que puedes vivir sin
dolor, sin regla, sin miedo a tener más quistes, más miomas.
Es verdad que tienes otros problemas que vas resolviendo y que la endometriosis
formará parte de tu vida siempre, pero ya no es tu enemiga, ha pasado a ser una vieja
amiga, que el marcador tumoral forma parte de tu analítica y que hasta ves bonito el
número 125.
Te das cuenta que ya no le guardas ningún rencor a nadie, que hace tiempo perdonaste
todos los comentarios y piensas que eres afortunada por seguir viviendo, que
comprendes que no hay ningún por qué, que no has tenido la culpa de nada, que las
cosas pasan...
Y solo te queda una gran pregunta ¿cómo puede ser que pase el tiempo y sigamos igual,
que la enfermedad siga igual, que los tratamientos sean los mismos, y lo que es peor
que las mujeres no sepamos nada de nada de esta grave enfermedad? ¿cómo puede ser
que no se hable más de ella? A veces he pensado que si esta enfermedad se
compartiera con el sexo masculino, ya habían encontrado la cura; puede ser un mal
pensamiento, pero al fin y al cabo, creo que a estas alturas me lo puedo permitir.
Ha pasado mucho tiempo, han pasado muchas cosas, pero al final del túnel hay una gran
luz que me ilumina, nada más y nada menos QUE MI VIDA, la vida presente y toda la
que me queda por vivir y disfrutar.
La enfermedad cambió mi vida, la endometriosis me dio otra vida, una vida que
seguramente sin la enfermedad no sería la misma, y me gusta mi vida tal y como está.
Ahora... soy feliz.
María Llorente
Actualizado (Lunes, 18 de Enero de 2010 23:00)


















