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Hoy: 10 Sep, 2010
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Echando la Vista Atrás

¿Que tienes qué?, pero eso ¿qué es?, tú estás segura de eso, pues no sé, no lo he oído

nunca, que rara eres hija, ¿quistes de chocolate?, ¿cómo va a crecer regla fuera del

útero?, ¿tú estás segura de eso?.

 

Estas y otras frases por el estilo son las que he escuchado durante muchos años.

¿Cómo empezó todo?, ya ni lo recuerdo, me acuerdo de mi primera operación: no, no te

podemos operar tienes fiebre, pero el de la fiebre era mi marido, estaba tan nervioso

y preocupado que se puso malo, me acuerdo de la gotera del quirófano, sí, sí una

gotera, yo tumbada, mirando al techo y pensando, pues no parece un sitio muy limpio...

¿por qué no me levanté? ¿por qué hacía lo que el médico me decía?; me acuerdo de las

pruebas que me mandaban que no entendía, del dolor, de la incomprensión.

 

...coche nuevo ¿eh? Y los niños ¿para cuándo?, se te va a pasar el arroz, yo a tu edad ya tenía dos.

 

Bla, bla, bla, y que hacía, ¿contaba mi vida?, no, solo sonreía y esperaba el próximo

comentario, que sería en el trabajo, en alguna reunión familiar, en el portal de casa.

Me acuerdo también de la pérdida de amigas, tus amigas inician una vida con niños

diferente a la tuya, una vida que duele, una vida que tú quieres y no puedes llevar, y te

proteges y no te apetece ver a la “familia feliz” y te distancias e inicias otra vida, de

la solidaridad mal entendida: ven, ven que vamos a bañar al niño, no te preocupes

tonta, ya verás como pronto tendrás uno “frases hechas”, y el mira, mira que rico es

¿verdad?, sí, sí muy rico el niño. Nadie se daba cuenta, en el fondo nadie intentaba

ponerse realmente en mi lugar.

 

A mí que me importa tu niño, yo quiero el mío.

 

Y luego el ¿por qué no adoptas uno? , y tú pensando “adoptalo tú” yo quiero uno mío.

Pero no lo estoy contando bien, solo estoy reflejando la rabia, la envidia (no hay

envidia sana, la envidia no es sana) que te corroe, pues todas están embarazadas, tus

amigas, tus primas, tus vecinas, el mundo entero está embarazado menos yo.

Me casé joven, ahora dirían que demasiado joven, pero era feliz, cumplía con el plan

que todas nos marcamos inconscientemente, novio, piso, trabajo, boda y ... ahora toca

los niños.

 

Los niños, no venían, que raro, un año, otro ¿vamos al médico? Podemos preguntar, no

sé a lo mejor no podemos...

 

Y fuimos... todo bien, solo un empujoncito, parece que no sois muy fértiles, unas

pastillitas y al cabo del tiempo VIVA, VIVA, estoy embarazada, pero duró poco

exactamente 8 semanas, que raro mancho un poco, urgencias, ecografía y: ¿todo bien?

No señora está muerto (que delicadeza, que tacto), y ahí empezó todo, pruebas, más

ecografías y primera operación, resultado: nada, nada tienes un quiste de chocolate

(que exótico, suena dulce) pero lo he quitado, no creo que salgan más. Ahora pensaréis

que me explicaron algo, que me iba a enterar del nombre de la enfermedad que me ha

acompañado toda mi vida fértil, pues no, no me enteré, o no me lo explicaron bien, ha

pasado mucho tiempo.

 

¿Cambiamos de médico?, cambiamos.

 

De consulta privada a otra consulta privada, reconocimiento y explicación de la

enfermedad, buf! Que mala pinta, que mal suena, no me gusta nada.

ENDOMETRIOSIS, endo ¿qué? Y por fin te lo explican. Claro, si ese dolor no era

normal y como no te gusta lo que oyes...

 

¿Cambiamos de médico?, cambiamos.

 

Hospital público: Ginecología funcional (eso es que algo no funciona, estaba claro) cada

día un médico distinto “señora esto es un servicio jerarquizado, no importa quien le

vea, es lo mismo”, pero no, no es lo mismo, no te conocen, eres un historia en un papel,

que el que lo lee hace lo que puso el anterior; pruebas, más pruebas, marcadores

tumorales ¿tumorales? ¿pero es que tengo cáncer?, no, no tiene cáncer.

Y... ¿ahora qué?, bueno lo mejor es tener un hijo, que gracioso el médico, como si fuera

fácil, es fácil si eres una adolescente, si no lo buscas, si tienes muchos, pero con

endometriosis es difícil, muy difícil.

 

Siguiente paso: Servicio de Fertilidad (o Servicio de Ginecología, no consigo

acordarme), pruebas, más pruebas, más dolor, más cansancio, más quistes, más

operaciones; solución quitemos la regla artificialmente, ah! Que buena idea pero ¿eso

se puede? Sí, sí, con un tratamiento, que te quita la regla pero que no funciona, porque

sigues con quistes cuando la regla vuelve, luego con otro tratamiento, que tampoco

funciona.

 

¿Fecundación in vitro?, en este hospital no hay, solo hay uno público en Madrid que lo

hace.

 

¿Vamos? Vamos.

 

Lista de espera, y espera, y espera y por fin: Primera consulta llenos de esperanza y el

especialista: ¿con endometriosis? No, no, no está indicado, mucho peligro, podemos

conseguir un embarazo pero un nacimiento..., complicado ¿por qué se creen que sale en

los periódicos cuando nace un niño con este método? Porque es difícil, señora puede

Vd. acabar en la UVI (hiperestimulación ovárica, problemas renales), y negro muy

negro.

 

Vámonos, ya tenemos bastante con lo que tenemos.

 

Pasan los años, de revisión mensual a trimestral a semestral ¿a anual? No, no, anual no.

Siguen pasando los años, llevándolo como se puede, temiendo la regla pero viendo el

lado positivo, “el ahorro en anticonceptivos” y de repente ¿que raro? Este mes no me

ha bajado la regla, bueno estarás empezando con la menopausia.

 

Visita al médico, y la enfermera riendo: a ver si vas a estar embarazada.... bueno que

graciosa, pero vamos a hacer la prueba. POSITIVO ¿positivo? Después de tantos años,

no puede ser, pero es.

 

El primer sentimiento, “que miedo” y si lo pierdo otra vez; venga mujer no seas

pesimista, ya tienes el cupo cubierto.

 

Petición de historia, traslado a Obstetricia, primera revisión, todo bien, embarazo de

alto riesgo, a casita y en reposo.

 

Pasan 8 semanas, mancho un poco, ¿otra vez? urgencias, ecografía.... que ¿todo bien?

No, señora no, no va bien, no hay latido, tiene que ingresar.

 

Imposible, no me puede pasar dos veces, vamos a otro hospital, quiero otra ecografía,

quiero otra opinión.

 

¿Vamos o otro hospital? Vamos.

 

Es inútil, el mismo diagnóstico.

 

Vuelvo a estar yo sola otra vez, ya no hay nadie conmigo, ya no hay bebé.

 

Te duele el alma, depresión, desesperanza, controles, análisis....

 

Y un día ya no es Ginecología funcional, vaya, Unidad de Endometriosis, si esto es así

es que hay muchas como yo y eso quiere decir que desgraciadamente siguen llegando

mujeres, mujeres jóvenes, que no saben nada de la enfermedad, que en la sala de

espera te preguntan:

 

Oye ¿llevas mucho viniendo? (Y que dices ¿20 años?) no, dices: sí un tiempo.

Y ¿qué tal? Y tú bien, bien.

¿Sabes algo de la enfermedad? (Y tú sabes mucho, todo lo que has podido averiguar, y

todo lo que has vivido) pero dices, bueno es mejor que le preguntes al médico.

Pero ellas insisten.

¿Te han operado alguna vez? (Y no dices, muchas veces) dices sí alguna que otra.

Pasa el tiempo, ves gente nueva, gente antigua, mujeres con su madre, mujeres con su

marido, tú ya vas sola, es una rutina, ya no hay nada que hacer solo esperar la fatídica

noticia. Y llega, porque todo llega, llega la noticia esperada, la noticia que sabías que te

darían tarde o temprano: hay que operar de nuevo y es la operación definitiva, vas a

perder el útero.

 

Crees que ya no puedes llorar más, porque ya has llorado mucho, pero lloras ¿para qué

quieres el útero? Ya no te sirve, sí, sí, pero es mi útero, es mi última esperanza,

cuando se vaya, se irá mi esperanza. Te permites llorar, hacer tu duelo particular,

despedirte de él y seguir adelante.

 

Y un buen día te das cuenta que la vida sigue, que la vida es hermosa, que estás

estupenda, que ya no echas en falta los hijos, que estás feliz, que ir al ginecólogo cada

6 meses es como ir a tu casa, que el médico te conoce, que te conoce la enfermera, y

lo mejor de todo, QUE YA NO TE DUELE MÁS, que es fantástico, que puedes vivir sin

dolor, sin regla, sin miedo a tener más quistes, más miomas.

 

Es verdad que tienes otros problemas que vas resolviendo y que la endometriosis

formará parte de tu vida siempre, pero ya no es tu enemiga, ha pasado a ser una vieja

amiga, que el marcador tumoral forma parte de tu analítica y que hasta ves bonito el

número 125.

 

Te das cuenta que ya no le guardas ningún rencor a nadie, que hace tiempo perdonaste

todos los comentarios y piensas que eres afortunada por seguir viviendo, que

comprendes que no hay ningún por qué, que no has tenido la culpa de nada, que las

cosas pasan...

 

Y solo te queda una gran pregunta ¿cómo puede ser que pase el tiempo y sigamos igual,

que la enfermedad siga igual, que los tratamientos sean los mismos, y lo que es peor

que las mujeres no sepamos nada de nada de esta grave enfermedad? ¿cómo puede ser

que no se hable más de ella? A veces he pensado que si esta enfermedad se

compartiera con el sexo masculino, ya habían encontrado la cura; puede ser un mal

pensamiento, pero al fin y al cabo, creo que a estas alturas me lo puedo permitir.

 

Ha pasado mucho tiempo, han pasado muchas cosas, pero al final del túnel hay una gran

luz que me ilumina, nada más y nada menos QUE MI VIDA, la vida presente y toda la

que me queda por vivir y disfrutar.

 

La enfermedad cambió mi vida, la endometriosis me dio otra vida, una vida que

seguramente sin la enfermedad no sería la misma, y me gusta mi vida tal y como está.

 

Ahora... soy feliz.

 

María Llorente

 

Actualizado (Lunes, 18 de Enero de 2010 23:00)

 
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