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Hoy: 10 Sep, 2010
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Si Yo Fuera

Quisiera decir muchas cosas, pero la verdad es que cuesta bastante que salgan las palabras cuando uno, después de tanto tiempo, todavía no acaba de entender esta enfermedad. Esta es mi historia y mi manera de enfrentarme u ocultar este dolor que no padezco, pero que duele tanto como si fuese yo el que lo sufriera. Mi cuento y el de tantos padres, maridos, novios, hermanos y amigos a los que a veces nos resulta complicado llegaros a entender, y los que a menudo nos sentimos incomprendidos. Al ver tu sonrisa el primer día que cruzamos un beso supe que lo nuestro sería para toda la vida, un camino largo y lleno de alegría en el que acabar de ancianos queriéndonos de la misma manera que cuando nos conocimos. Todavía no se que nos deparará el futuro, pero si yo fuera tu boca, dejaría de hablar de muertes prematuras y de un futuro lleno de lágrimas, para dejar paso a frases bonitas, en las que resalten las millones de cosas que se pueden hacer en el presente, y no las pequeñas acciones que de momento no hay manera de realizar. Si yo fuera tu boca buscaría palabras de esperanza para un mañana que nadie sabe como será. Se que en muchas ocasiones es difícil evadirse del dolor y de la rabia interna que supone la carga de esta enfermedad, pero sigo aferrándome a un clavo ardiendo, a una pequeña luz al final del túnel que indique una pequeña mejora en tu salud. Eso no me lo puedes negar porque a pesar de que soy consciente de que esto no tiene cura, sigo creyendo que se puede mejorar. Te lo dije hace tiempo y sigo convencido. Yo no pienso tirar la toalla, y si la arrojas antes de que acabe el combate, la recogeré antes de que toque el suelo y seguiremos peleando juntos, pese a que te enfades una y mil veces porque no tengo los pies en la tierra. Si yo fuera tu dolor…desaparecería. Si yo fuera tus palabras ni siquiera se que me dirían. Supongo que lo mismo que dicen las tuyas, supongo que gritos de dolor que duelen en mis oídos, supongo que lamentos y quejidos que cada día matan un poco mas mi corazón. Un corazón que lucha por no acostumbrarse a convivir con este padecimiento, por seguir conmocionándose por un suspiro que nunca debió producirse, por una nausea después de otra y otra. Nunca quiero habituarme a esto, no quiero normalizar todas estas cosas, ni que mi corazón o mis sentimientos se endurezcan de tal forma, que no me afecte verte sufrir el más leve pinchazo o el más mínimo calambre en los dedos. Tus palabras me hablan de cómo te encuentras y disfruto de cada instante en el que estas se ríen o están de buen humor. Solo por estos momentos todo vale la pena. Y un susurro cariñoso, y esas palabras que no suenan pero que son un espejo en el que se refleja que hoy tienes un buen día. Todas estas son las letras que a mi me dan la fuerza necesaria para pensar que quizás exista una posibilidad, que tal vez, dentro de un tiempo, se desvanecerá esta tortura que nunca has debido soportar. Si yo fuera tu dolor…desaparecería. Si yo fuera tus lágrimas, lloraría ríos salados, abrazada a aquellos que te quieren. Lloraría todo el dolor y toda la pena hasta dejarte seca de sufrimiento. Lloraría conmigo en ese silencio en el que me refugio para hacerte ver que soy fuerte y que no me afectan las cosas. Lloraría delante de todo el mundo, porque me apetece y porque no le tengo que dar explicaciones a nadie. A veces lloraría a solas, para no preocupar una vez más a mi familia. A mi me hubiese gustado llorar mil veces contigo, pero espero no hacerlo nunca, aunque tu bien sabes que a menudo lo hago a escondidas para que no me veas y te haga sentir mal. Si yo fuera tu dolor…desaparecería. Si yo fuera tus oídos estaría harto de escuchar las mismas palabras de apoyo una y otra vez. Parece un bucle que se repite hasta el infinito, de estúpidos consejos y remedios inútiles a los que no vas a hacer ningún caso, y sin embargo, recibes con una sonrisa de agradecimiento. Si yo fuera tus oídos, trataría en la medida de lo posible de tener la mayor paciencia que pueda ser viable de aguantar. No se si te has dado cuenta, pero a menudo haces preguntas que ni siquiera tu quieres que sean respondidas. Otras veces no las puedo contestar, ni siquiera se como hacerlo. Buscas palabras de apoyo cuando no quieres que te digan una sola sílaba; cuando no quieres oír hablar de ambulatorios, urgencias, Ramón y Cajal, ginecólogos, y un amplio etcétera que a tus tímpanos suenan igual que si mentase el nombre de un asesino en serie; cuando no quieres que te ayude o ni tan solo permites que te hable. Entonces yo me quedo en blanco, sin saber que hacer ni que decir, mientras buscas una respuesta que no quieres escuchar y que nunca llega. Es en aquel momento cuando te sientes incomprendida. Es entonces cuando yo no entiendo nada. Es cuando volvemos a las lágrimas. Si yo fuera tu dolor…desaparecería. Si yo fuera tus ojos vería el presente y trataría de ver con optimismo el futuro. Pelearía por ver las cosas buenas que tengo en este momento y no sería tan negativa. Lo que tenga que venir que venga, pero que no amargue el ahora si este se puede divisar con un sonrisa. Miraría alrededor y vería un montón de gente preocupada por mí, y que sin embargo me tratan de la misma manera que a cualquiera, porque para ellos yo no estoy enferma. Y lo más importante, no estoy sola. A mi lado hay gente que me quiere, y que aunque sean unos pesados, se que dejarían cualquier cosa si yo les necesitara. Y aún así, con todo el calvario que pasas, te miro a los ojos y yo los veo llenos de vida y de esperanza. Tienen ese brillo que tanto me gusta y que te hace ser diferente a los demás. El brillo de aquellos que sufren, pero aún así, no dejan que lo malo les impida seguir llevando una vida normal. Unos ojos que se despiertan cada mañana con la fuerza de un huracán que hace que cada día sea un reto que superas porque te has propuesto que esta batalla la vas a ganar. Y otros ojos, los míos, orgullosos de verte pelear a diario contra aquello que te decían que no podías. Orgullosos de verte ir a trabajar, de hacer ejercicio, de ir de compras, de verte siempre guapa, de tomarte un vino, de salir con tus amigos, de viajar… unos ojos sin miedo a nada. Si yo fuera tu dolor…desaparecería. Si yo fuera tus pensamientos dejaría de pensar en lo que pudo haber sido y no fue, dejaría de pensar en todo aquello que tu cuerpo no puede hacer, y me centraría en la millones de cosas de las que todavía no te ha despojado esta maldita enfermedad. Apartaría a un lado las preocupaciones, los hijos que posiblemente nunca vendrán, las limitaciones físicas, la impotencia de querer realizar acciones que hace unos años eran rutina, y ahora se encaran a ti como una montaña imposible de escalar. Supongo que consiste en empezar de cero, con la experiencia de una mujer madura a la que la vida le ha dado un golpe difícil de encajar, y con la certeza de que esto se va a superar cueste lo que cueste. Si fuera tu dolor…desaparecería. Si fuera soledad me iría muy lejos de tu lado, allí donde nunca me pudieras encontrar. Me encerraría en una celda en una isla perdida donde pasar las tardes en un silencio y una calma que me asuste a mi misma. Si fuera soledad me borraría del mapa de tu corazón y buscaría un sitio donde morir apartado de tus caricias. En el camino llamaría a todos tus amigos, a todos los que se interesan por ti, para que jamás te encuentres sola, para que siempre tengas un hombro en el que apoyarte y un abrazo en el que refugiarte en esas noches interminables de ira e insomnio. Si fuera esa soledad de la que te hablo, cogería a mi única compañera, la tristeza, para desaparecer de tu vida, para que nunca te atormentemos con nuestra nube negra que todo asola y colma de pena y apatía la sangre que corre tus venas. Si yo fuera tu dolor…desaparecería. Si fuera tu médico empezaría a ser fiel con mi paciente. Hablaría de posibilidades reales de cura, o de lo avanzado de la enfermedad. Pero lo que no haría es mentirte o crearte falsas esperanzas como han hecho algunos de mis compañeros. Te comentaría tu estado, las posibles soluciones, la necesidad de una operación, las consecuencias que estas tendrían en tu salud, la calidad de vida que te espera, las cosas que ayudan a mejorar el dolor… en definitiva, trataría de ser un buen médico, comprensivo con tu situación y consciente de la desesperación que el dolor te provoca. Llevamos tiempo de ginecólogo en ginecólogo, sin que ninguno ofrezca una solución real. Solo medicinas, hormonas, tratamientos, pastillas, más pastillas, ahora te quito esto, ahora tómate esto otro, ahora te quito la regla, ahora te la vuelvo a poner, que si el calcio baja, que si con esto vomitas, pues esto otro para las nauseas… me da la sensación de que eres como una cobaya con la que todos experimentan, sin que nadie tenga la misma mínima idea de cómo paliar tu enfermedad. Si yo fuera tu dolor…desaparecería. Si yo fuera tu sonrisa, sonreiría. Si fuera tus brazos, abrazaría. Si fuera tus manos, tocaría y acariciaría la luna si hiciera falta, porque tu cuerpo no tiene límites. Si fuera tus labios, besaría sin descanso a tu chico. Ya sabes, ese niñato inmaduro que se derrite cada vez que le rozan tus labios. Aquel crío de veintiocho años con el síndrome de Meter Pan al que has enamorado y que no para de hacer el payaso para lograr sacarte una sonrisa. Aquel soñador que cree que todo se va a solucionar, que llegará el día en el que dolor desparezca, que sabe que tarde o temprano llegará una solución que nos permita ser todo lo felices que nos merecemos. Ese soy yo. El que siempre ve el lado positivo de las cosas, aunque a ti te irrite pensar que vivo en el mundo de las gominolas y las piruletas. El que te quiere por encima de todas las cosas y todos los problemas; el que llora en silencio cuando no te encuentras bien; el que a menudo no te entiende, pero lo intenta; el que trata de cuidarte y mimarte con mayor o menor éxito. Si yo fuera tu, me gustaría sentir que no estoy sola en esta guerra, que no soy la única que lo sufre y que a mi lado tengo a alguien que lucha agarrado de mi mano y que le duele tanto o más que a mi misma. Si yo fuera tu, dejaría que las personas que me quieren se acerquen más a mi, porque aunque a veces no me comprendan ni sepan lo que necesito en cada momento, sé que siempre estarán ahí, acompañándome y batallando conmigo en esta contienda sin final a la vista. Si yo fuera los hombres que lean estas líneas, espero que de alguna manera se hayan sentido identificados. Nosotros también sufrimos endometriosis y a nosotros también nos duele. Si yo fuera una mujer afectada que haya leído este relato, espero que de alguna manera llegue a concebir la manera que los hombres de vuestra vida afrontan vuestra y nuestra enfermedad. Si yo fuera tu dolor…desaparecería.

 
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