Sueño y Dolor
Quería sentir en sus brazos a su bebé, saber lo que es cuando te ponen encima a un ser tan pequeño, inocente e indefenso al que has llevado en tus entrañas, y al que quieres proteger para siempre.
Ser madre era algo sagrado para Sandra, lo deseaba con todo su alma.
Alfredo el hombre de su vida con el que lo compartía todo, el hombre con el que había decidido pasar el resto de su vida, le apoyaba teniendo las mismas ganas que ella de ser padre.
Se conocieron un caluroso agosto y el flechazo fue mutuo, hace ya mas de tres años.
Necesitaban formar una familia, sentir la magia de un bebé en sus brazos, la sensación de verle crecer y ayudarle a cumplir sus sueños, a sobrellevar los fracasos, y a escuchar sus inquietudes.
Para ellos sería la mayor felicidad.
Llevaban intentándolo casi un año, con la desilusión correspondiente de un test de embarazo negativo, la prueba que estaban empezando a odiar.
Sandra, se desesperó otra vez, al ver, el nuevo test ese día, negativo. No se quedaba embarazada. Que ocurría. Se sentía fracasada, triste y vacía. Alfredo le animaba como podía pero sus intentos fallidos por ver feliz a su mujer, cada vez eran momentos más infelices también para él.
Se levantó furiosa y se dirigió a la ducha. Tenía que relajarse. Se miraba al espejo su rostro se veía triste. De pronto aquel dolor le vino de nuevo, como cada mes, pero ese era mucho más fuerte. Casi no podía mantenerse en pie.
Gritó de dolor. Alfredo asustado corrió hasta el baño encontrándose a Sandra tirada en el suelo retorciéndose pues el dolor era insoportable. Se desmayó. Su marido inmediatamente cogió el teléfono y llamó a urgencias.
Se despertó en el hospital. Al pie de la cama Alfredo la miraba con dulzura. Sandra se asustó.
- Tranquila cariño, todo va bien.
- ¿Qué me ha pasado?
- El doctor hablará con nosotros cuando terminen de examinarte. Descansa.
Durmieron esa noche en el hospital esperando a que le hicieran las pruebas pertinentes.
Pero el especialista ya había sacado sus propias conclusiones del diagnóstico, parecía un claro caso de endometriosis, enfermedad a menudo progresiva, que empeora según pasa el tiempo. No es grave, pensó el médico, pues eran los dos jóvenes a los que se les veía muy enamorados.
Todavía tenía que hacerle muchas preguntas para verificarlo y si era así empezarían con el tratamiento.
A la mañana siguiente vinieron a buscarla temprano.
Sandra estaba muy asustada, pues era la primera vez en su vida que parecía estar tan enferma, si bien Alfredo le animaba insistiendo en que todo iría bien.
Sí que es verdad, que todos los meses sentía unos dolores bastante fuertes, pero no tanto como el día anterior, quizás fuera algo grave, o algún problema hormonal, por eso no se quedaba embarazada. Alfredo tenía razón todo saldría bien, tenía que reunir fuerzas, para no sentir miedo ya que no estaba acostumbrada a visitar los hospitales.
Ese mismo día el médico entró en la habitación para hablar con la paciente, que después del día de incertidumbre que había pasado se encontraba algo cansada, lo bueno de todo que gracias a los medicamentos que le habían puesto el dolor tan horrible había desaparecido.
- Hola Sandra. Tengo que comunicaros el diagnostico, no te preocupes pues es una enfermedad que tiene cura: es endometriosis.
- ¿De qué se trata? Preguntó Alfredo mirando a su mujer con preocupación.
- Para que lo entendáis son quistes benignos, llamados endometriósicos, que producen alteraciones e inflamación que interfiere en la maduración del óvulo. Provoca una irritación tisular que se repite continuamente al ritmo del ciclo menstrual. Tenemos que ver dónde los tienes pero mi experiencia me indica que en los ovarios, la sangre menstrual no puede salir al exterior, acumulándose en la cavidad abdominal, lo que produce dolor, que son las molestias que has tenido cada regla, y alteraciones en los órganos e incluso la infertilidad.
Esta enfermedad va empeorando con el tiempo. Al principio el dolor aparece durante las menstruaciones siendo leve y luego cada vez es mas fuerte e intenso y hasta insoportable.
- Pero nosotros queremos ser padres más que nada en el mundo. Dijo Sandra angustiada.
- No os preocupéis, necesito hacer una ecografía y algunas pruebas más, para cerciorarme, pero aparte de los medicamentos para el dolor, está la técnica quirúrgica especial, que no es traumática y repara las trompas y los ovarios, tratando la endometriosis, y muchas veces logrando un embarazo espontáneo.
- ¿Entonces me tendrá que operar? Sandra seguía asustada pero si eso era la solución para tener un bebe a ella no le importaba.
- Sí, posiblemente, pues tú misma dijiste que llevabais bastante tiempo intentando ser padres.
El médico les dejó solos, los dos en aquella habitación de hospital tenían bastantes sentimientos, por un lado la alegría de que podrían ser padres si todo salía bien, por otro lado, la operación, que aunque el médico les había dado muchas esperanzas, y era bastante fácil, el miedo estaba presente.
Ya en casa, recordaban los días de hospital sus temores y sus incógnitas que el doctor supo aclararles con facilidad, y todo salió bien, como Alfredo le había prometido tantas veces a Sandra.
Había sido una operación muy sencilla, con la técnica de laparoscopia, poco agresiva y de rápida recuperación. Aunque las molestias durarían unos días, pues estaba bastante dolorida e hinchada.
Juntos superarían aquello, les quedaba la esperanza de que pronto serían padres pero si no era así se tenían el uno al otro.
- Te quiero, lo sabías. Le dijo Alfredo a su querida esposa.
- Yo también a ti. He estado muy asustada pero contigo a mi lado todo es más fácil.
Se abrazaron el uno al otro, sabiendo que cada uno de ellos sentía lo mismo, oyendo ella, como su marido le decía al oído; -Todo saldrá bien.
UN AÑO DESPUÉS.
Su llanto les sacó una sonrisa, se le pusieron encima, y aquello fue algo que jamás olvidará. Sus manitas buscaban las de ella, y Sandra no podía creer lo que le estaba pasando.
Muchas veces se lo había imaginado, pero no tenía nada que ver, con lo que estaba viviendo, le había llevado en sus entrañas nueve meses, deseando verle, y ahora le tenía en sus brazos, le protegería para siempre y su vida sería la de él.
Alfredo era el padre más feliz del mundo, su hijo, se le llenaba la boca al decirlo y se emocionaba al mirarle.
Sentados en el sofá de su casa, después de un día en el hospital, de dar a luz a un bebé tan hermoso, sonreían mostrándose tan felices que no cabían en sí de gozo.
Sandra miró a su marido, con los ojos llenos de lágrimas, Alfredo le devolvió la mirada, con la dulzura que le caracterizaba cuando se encontraba frente a su mujer
La nueva madre tenía el cansancio reflejado en su rostro pero estaba tan bonita que Alfredo se estremeció, miró a su niño y sintió algo especial. Allí estaba en sus brazos, tan dulce, inocente y frágil, cuando Alfredo se dio cuenta de lo que sentía.
Estaba asustada, cansada y a la vez feliz, él la ayudaría y le daría todo su apoyo, no sería fácil pero entre los dos le sacarían adelante, había que pensar en lo felices que eran, y así se lo transmitió Sandra.
Alfredo pensó que algo en los dos había crecido, era su amor, a parte de tantos sentimientos tanta ilusión y por otro lado la responsabilidad de ser padres por primera vez, se armarían de valor y los dos juntos arreglarían los problemas que fueran surgiendo.
Acercándose a ella para darle fuerzas, mirándole a los ojos le dijo:
- No te preocupes cariño. Todo saldrá bien.



















