Benigno
BENIGNO
Recuerdo, fue hace unos años que lo volví a ver…por supuesto él no me recordaba.
Siempre tan formal, tan firme, estructurado, cosa que afirmo porque llegué realmente a conocerlo, sus gestos, silencios, miradas a mi, a mi familia…¡lo conozco!
Alguien cualquiera podría preguntarse como pude conocerlo tanto, y que él no tenga recuerdo de mi, y la respuesta es si, es difícil creer y más difícil aceptarlo, pero puede suceder.
Imagino tendrá que ver su personalidad, la cantidad de gente que conoce, la profesión y un poco, creo, es que quiere no recordar…
Y realmente por esto último no lo culpo, pienso que cuelquier ser humano normalmente trata de alejarse de lo que le hace o puede potencialmente hacerle mal, así sea un recuerdo, e inclusive el recuerdo de haber hecho algo que beneficiara a otra persona.
Es que realmente lo que desea olvidar aunque sea inconscientemente es el hecho que motivó su intervención, lo que estaba provocando sufrimiento en esa otra persona, en este caso yo.
Supongo que se habrán dado cuenta que al que volví a ver hace unos años fue a mi doctor…mi doctorcito. ¡cuánto sufrimiento! Cuánta distancia entre nosotros, cuanta dedicación, cuanta frialdad y compasión a la vez…¿cómo lo hacen?, ¿cómo pueden al mismo tiempo tratar de curarte el cuerpo y aunque seguramente sin quererlo matarte el alma?
Por favor, no me tomen a mal, es sólo mi experiencia…y la de muchas conocidas mias…pero ciertamente no quiero que me mal interpreten, aunque tiene mucho de verdad…¿no?...Me parece que no estoy bien…
Aquel día que lo volví a ver sentí algo extraño, una sensación rara, molesta y placentera a la vez, sumaba a un deseo casi irrefrenable de gritar, de gritarle, no se que, pero lo que fuera, tenía que gritarlo, recuerdo que sólo dije: “Buenas tardes, Doctor, me recuerda?.
Me tendió su mano, tomó la mía, a la vieja usanza, contestó a mi saludo y afirmó sin piedad: “No señora, no la recuerdo”.
Igualmente reconozco que fue muy amable y cortés pidiéndome inmediatamente que por favor, le contara y trajera a la memoria mi caso, a lo que accedí antes que terminara de pedírmelo, y comencé a vomitarle toda mi experiencia, abrupta y groseramente.
No llegué a toomar aire otra vez para continuar mi catársisque con sus manos tomó rapidamente las mias sacándolas del aire donde se hallaban gesticulando exageradamente, hasta señalándolo, y me dijo, demostrándome que ahora si me recordaba: “si, si, si…tranquila señora Susana Díaz, la recuerdo perfectamente”.
Me puse a llorar, siempre lo había sentido un hombre frío, lejano, pero con el paso del tiempo y habiendo perdido todo contacto practicamente en mi mente y en mi sentir ya era un ser totalmente deshumanizado, casi podría decir que para mi era el recuerdo de una máquina que había hecho un diagnóstico de una enfermedad con tratamiento de urgencia, logró resolver una situación aguda de consecuancias mortales, y después lo derivó…así no más, como suena, devastador, no?... “ahora la va a seguir el especialista, Susana, sabe? Me alegro que esté bien, y fue un gusto conocerla”.
Volviendo, el que halla recordado mi nombre y mi enfermedad hizo que me sientiera como que a él les estaba regresando el alma a su cuerpo, esa que le saqué en aquel tiempo con todos mis prejuicios, convicciones acerca de la humanidad, su ética y sentimientos. Y yo lo estaba presenciando…como si lo estuviera viendo.
Y pensar que él estaba y está totalmente ajeno a todo esto…que increible, no?
Entiendo también que si no fueran así, no podrían ejercer, y eso a nosotros los enfermos no nos sirve, es decir, si usted tiene una persona, familiar o amigo muy grave y llama al médico, ¿qué prefiere? ¿Qué el doctor trate de ayudar a esa persona o que se ponga a llorar con usted? Insisto, no estoy bien.
La cuestión, es que un buen día a mi me operaron de urgencias. Realmente sentía mucho dolor en mi abdomen, tanto que en un momento llegué a pensar en la posibilidad de que pudiera explotar, recuerdo que con mucha vergüenza y tomándome con ambas manos la pancita, se lo pregunté al médico de guardia, el primero que me atendió, quien muy irrespetuosamente esbozó una sonrisa, hizo un chasquido entre sus dientes y descalificó mi pregunta como si fuera una obviedad, que eso no pudiera suceder.
Tiempo después supe que si uno puede literalmente explotar y que ese muchacho no era médico.
Escuché que ya habían llamado al cirujano, y no mucho después, estando con los ojos cerrados y el ceño fruncido, eso último me lo describió él mismo, tiempo después, siento que tocan mi hombro y me dicen buenas tardes, soy el cirujano de guardia, me deja revisarle el abdomen?.
Me desperté en terapia intensiva, lindo no?, me parece que las primeras horas después de la cirugía tuve más dolor que antes de operarme, aunque luego fue disminuyendo, ya no sentía esa distensión que tensaba la piel de mi abdomen hasta hacerla brillar, sentí alivio.
Por supuesto poco a poco fui descubriendo cosas en mi cuerpo, primero una sensación muy molesta al mover mi cabeza, una sonda salía de mi nariz, insufrible.
Luego un drenaje por acá y otro por allá emergían de mi abdomen, hasta ahí era duro pero tolerable.
Al otro día fue lopeor, terrible, sucediócuando en mi costado izquierdo toqué algo que no podía identificar, no dolía ni molestaba, solo me desesperaba no saber que era. No tive tiempo para imaginarlo cuando apareció mi cirujano, mi doctor y me dijo…”Susana, esto que se va a ver y tocar acá se llama colostomía, lo que la gente conoce como ano contranatura, es generalmente temporal, unos cuatro o cinco meses y luego lo reconstruimos. Es que encontramos una cosa, una tumoración que obstruía su intestino grueso y tuvimos que resecarlo para resolverla”.
Sentí un dolor distinto, todo se desmoronaba, un dolor sordo, y no se iba…
Pasaron los días, mi evolución era favorable, el mismo día que salí de terapia intensiva él vino a verme a las tres de la tarde, como siempre, ni un minuto antes, ni uno después. Recuerdo que pidió a mi ex marido y mis dos hijos que estuvieran presentes en la habitación mientras me revisaba y conversábamos, entonces lentamente pero sin anestesia me dijo, como haciéndome recordar algo que yo ya sabía, que había tenido que resecar un segmento de mi intestino grueso porque una tumoración lo obstruía, solo que ahora le agregaba el pequeño dato de que en su opinión y experiencia esta tumoración era mala…maligna…cáncer…de colon…POR QUE???!!!
Realmente porque tenía que decirme eso en ese momento!? Que modificaba, de que servía???
Después mi familia me contó que ellos había hablado previamente con mi doctorcito y le habían pedido, conociéndome, que fuera sincero y directo conmigo…ellos presentían que yo sospechaba que todo esto era algo malo…
Igualmente no lo justifico, él sabe por experiencia y conocimiento médico como hacer para manejar situaciones de ese tipo y evitar el gran desastre emocional que puede producir en cualquier persona que recibe semejante noticia. Ahora coincidirán conmigo en que no estoy bien, pero al menos notarán que motivos tengo…no?
Sigo, falta poco, pero aun no termino. Resultó que me fui dada de alta, fisicamente bien, psíquica y emocionalmente destrozada.
Muchos controles postoperatorios en su consultorio, en mi casa y en el hospital donde trabajaba. Cuidó de mi herida, retiró los puntos, una linda cicatriz y siempre hablamos de lo mismo…siempre terminaba diciéndome…”Mire Susana, para mi es malo, pero bueno…se trata…no es fácil pero tiene que enfrentarlo, cuando tengamos el resultado, la anatomía patológica, saca turno para el oncólogo y rápido empieza el tratamiento…la quimioterapia”…
El resultado de la anatomía patológica del intestino con la famosa tumoración, uno aprende términos que jamás siquiera pensó, tardó apenas treinta días…en ese tiempo envejecí unos diez años, saqué turno en dos institutos de oncología para tener más de una opinión y saldé unas deudas que tenía vendiendo algunas de mis cosas, preparé a mis hijos para lo peor y lloré hasta secar mis ojos, parece una película, pero fue así.
Y, qué pasó? Llegó la anatomía…foco de ENDOMETRIOSIS colónica supurada perforada.
cCorrí a verlo al hospital, esperé que terminara de operar y ni siquiera le di tiempo de hablar con la familia del recién operado, le puse el sobre del patólogo en el pecho y le dije tomando aire…”Lea!!!, ¿qué es esto????” Se molestó, pero creo que al verme se calmó y sin hablar abrió el sobre y leyó.
Levantó ambas cejas, recuerdo su expresión, estaba realmente sorprendido, dejó escapar un suspiro y me dijo en un tono como si tuviera algo que festejar…”Es benigno, Susana, resultó ser tejido endometrial en el colon, complicado, pero benigno al fin y al cabo…no hay quimioterapia ni nada de eso, tratamiento de drogas y seguimiento estricto ginecológico, no le digo mucho porque no es mi especialidad, pero siéntase un poco aliviada…no es cáncer…contenta????”
Contenta!!!!!...lo insulté y lo abracé como si fuera el culpable y el redentor. Por supuesto él no me abrazó y trató de quitarme de encima rapidamente…”Bueno, Susana, tranquila…venga a verme en la semana de consultorio, charlamos con su familia y vemos los pasos a seguir, conozco un ginecólogo para recomendarle”
Me fui a casa, toda mi familia lloraba, nadie sabía bien que era lo que tenía, si era grave o no, pero sabíamos que no era cáncer de colon.
Efectivamente el ginecólogo es muy bueno, hoy sigo tratada y hasta ahora no tuve complicaciones, y tampoco las espero.
Ahora, esto es un poco de mi experiencia con esta enfermedad, mi endometriosis, pero el punto que contaba inicialmente era que años después había vuelto a ver a mi doctorcito, que en un primer momento no me recordaba, luego que lo ataqué con mi relato me recordó perfectamente, entonces, y esto es lo más importante que quería contar, pude finalmente decirle algo que tenía pendiente y ya no me interesaba si se lo decía en su consultorio, en su hospital o donde fuera…
Contuve las lágrimas, respiré fuerte para no entrecortarme y aunque no pude mirarlo a los ojos, acercándome le dije:
“Doctorcito mio…gracias!!.
Actualizado (Lunes, 25 de Enero de 2010 15:52)



















