Banner

África

Usar puntuación: / 17
MaloBueno 

 

ÁFRICA

Eran las diez y media de la mañana, Juana estaba sentada en la cocina de su oficina con un café en la mano, sola, como siempre, con la mirada perdida y en su mundo.

Los compañeros ya se habían acostumbrado a esa sombra triste que trabajaba con ellos, no hablaba, no reía, iba a trabajar todos los días pero nadie notaba cuando faltaba, faltaba demasiado.

Todo empezó en la adolescencia, las molestias, los cambios de humor, la apatía, hacían de ella la amiga que siempre se iba antes de tiempo, la que muy a menudo decía “no puedo, no me encuentro bien”; era la amiga con la que ya no contaban porque faltaba, faltaba demasiado.

Juana tenía ya 30 años y no disfrutaba nada de la vida, ¿qué estaba haciendo con ella? ¿por qué le había tocado a ella?

Juana estaba enferma y se sentía totalmente vencida, había tirado la toalla ¿para qué luchar? ¿para qué seguir?, no tenía pareja, no tenía hijos y lo que es peor, nadie le entendía.

Su vida transcurría lentamente, su calendario se regía por las revisiones médicas y por los tratamientos que no funcionaban, por la soledad y la desesperanza.

Su vida era triste y gris.

Se te va a caer el café de las manos – le dijo Carlos al entrar en la cocina -, Juana, vuelve a la tierra.

Ella esbozó una sonrisa porque Carlos era el único que le hacía sonreir, era el único que se preocupaba por ella.

Se sentó a su lado muy alegre y con un folleto en sus manos.

Mira, he recibido este folleto de una ONG que ayuda por el mundo y ¿sabes? estoy pensando en irme allí estas vacaciones ¿te vienes?.

¿Te vienes? esas palabras sonaron en la cabeza de Juana como una broma pesada ¿yo?, pero si yo no puedo, estoy enferma, no puedo hacer nada, no, no, lejos del médico... definitivamente Carlos no sabía nada de su enfermedad, no sabía nada de su dolor.

No, gracias Carlos, no puedo.

¿No puedes? ¿por qué no puedes? yo no veo que estés tan ocupada para no poder acompañarme, venga mujer anímate.

Carlos se levantó, fregó su taza y se fue, pero dejó el folleto en la mesa.

Tengo mucho trabajo, mañana hablamos.

Carlos, te dejas el folleto... pero ya se había ido.

Leyó el folleto, África ¿irme a África? Carlos está loco -pensó- Juana se levantó, fregó su taza y se fue, pero se llevó el folleto.

El camino a casa fue diferente a otros días, un trozo de papel en su bolso había hecho que Juana quisiese llegar a casa, no sabía porqué pero ese trozo de papel había conseguido que la ilusión se reflejase en su cara, quería llegar, encender el ordenador e investigar qué hacía esa ONG en África.

Sabes gato, hoy vamos a hacer algo distinto.

Gato era su compañero, se lo regalaron sus padres para que no estuviera sola, para que se animara, no quiso decir que no le quería, y cuando le vio tan pequeño y triste como ella, se lo quedó. La verdad es que los animales no le gustaban demasiado y no tenía ni ganas de buscarle un nombre así que tres meses después a su animalito le seguía llamando Gato.

Colgó el abrigo y el bolso y con el folleto en la mano se fue rápidamente al ordenador.

...La República Federal de Nigeria es un país en el Oeste de África. Es el más poblado del continente africano. Limita al Oeste con Benín, al Este con Chad y Camerún, el lago Chad en el noreste, Níger en el Norte y el golfo de Guinea en el Sur...

Juana pensó que a lo mejor sería peligroso, no sé “Chad” le sonaba a guerra, dejó el ordenador, se preparó la cena y aunque se puso a ver la tele un rato, en su cabeza se imaginaba toda clase de aventuras.

Juana se fue a la cama y por primera vez en mucho tiempo no se tomó su calmante.

Pasaron los días y las semanas, Carlos no le volvió a hablar ni una palabra de las vacaciones ni de África y Juana volvió a su vida triste y aburrida, a su apatía y a sus calmantes.

Una mañana más, cuando estaba desayunando con su taza en la mano, Carlos entró como siempre, alegre y hablador.

¿Qué, ya te has decidido?

Juana en ese momento no sabía qué decir y la mirada de interrogación de Carlos le hacía sentirse incómoda.

No sé, yo...

Por tu enfermedad no te preocupes, sé que lo pasas mal, pero seguro que un mes fuera te hará bien, además quién sabe quizá conozcas a mujeres que tengan la misma enfermedad que tú y puedas ayudarlas.

Juana se quedó paralizada, Carlos lo sabía, Carlos sabía que estaba enferma y no supo que decir.

Durante un momento Carlos dudó, él no debía saber nada de su enfermedad pero se lanzó.

Mira Juana, mi hermana también tiene endometriosis, no puedo saber lo que sientes pero por lo que he vivido junto a mi hermana, sé que estar sola no te hace ningún bien, estar sola y compadecerte de ti misma no va a ayudarte y además no va curarte, así que ¿te vienes?.

Carlos trabajaba en el departamento de personal y había visto los justificantes de Juana, no debía, pero los había leído, sentía curiosidad por saber por qué Juana faltaba tanto, por qué le habían operado varias veces y por qué sus revisiones eran tan metódicas, así que haciendo uso de una información confidencial le propuso a Juana su plan, quería ayudarle porque Juana le gustaba desde que entró en la empresa, ese aire melancólico le llamó la atención, sus ojos grandes, azules y tristes se le metieron en el corazón y todas las mañanas estaba pendiente de ella y cuando entraba en la cocina, se hacía el encontradizo para charlar un ratito.

Juana no supo qué decir.

Tengo un gato, no puedo ir.

Nunca había oído una disculpa tan tonta, el gato no es problema, seguro que mi hermana se hará cargo de él, así que..

¿Te vienes?

Juana se levantó, fregó su taza y se fue.

Tengo mucho trabajo, mañana hablamos.

De camino a su mesa Juana iba pensando en Carlos, Carlos le gustaba mucho, demasiado, pero ella no debía tener pareja, no podía tener hijos, además Carlos era un amigo y no quería hacerse ilusiones, no quería sufrir más, las cosas estaban bien como estaban. Le diría a Carlos que no, que no podía ir.

Al día siguiente Juana estaba sentada, como siempre, en la cocina de su oficina con un café en la mano y la mirada perdida cuando Carlos entró y le dijo.

Juana otra vez así, no sé qué hacer contigo, tienes que vivir, tienes que animarte, por favor, ven conmigo.

Esta vez Juana no pudo resistirse y con la cabeza dijo que sí.

¿Sí? ¿de verdad?.

Sin poder evitarlo Carlos le dio un abrazo, pero rápidamente se dio cuenta en dónde estaba y se separó.

Quedamos a las seis a la salida del trabajo y hablamos ¿vale?.

Juana un poco nerviosa se levantó y volvió a su mesa, en su cabeza estaba escribiendo el guión de cómo decirle que le gustaba, que quería ir con él no solo a África sino al fin del mundo si se lo pedía, pero que no quería sufrir, así que se armaría de valor y le contaría todo y que irse a África con él como amigo sería una prueba difícil de superar.

Carlos mientras trabajaba pensaba en cómo decirle que la amaba desde el primer día que la vio entrar a firmar el contrato y que ir con ella como amigo a África sería una prueba difícil de superar.

Dieron las seis y los dos muy nerviosos se encontraron en la cafetería de la esquina.

Verás Juana...

Verás Carlos...

Carlos yo te quiero, pero no puedo hacerte pasar por todo lo que mi enfermedad conlleva, sobre todo porque no podré tener hijos y porque mi enfermedad no tiene cura, así que si dices que no, lo entenderé.

Carlos no dijo nada, solo se acercó y la besó

No hables más que tenemos que preparar el viaje.

Por primera vez en mucho tiempo Juana estaba haciendo planes de futuro, por primera vez su enfermedad había pasado a un segundo plano, por primera vez podría decir que era feliz y que por primera vez se había dado cuenta del tiempo perdido.

Mamá, ¿puedo salir a jugar?

Lucía tenía los ojos de Juana y el pelo de Carlos, era alegre y muy cariñosa, era el milagro particular de Juana y cuando la veía jugar no se podía creer que fuera suya, es verdad que la enfermedad seguía acompañándola, pero Lucía era la esperanza de otras muchas que como ella un día perdieron la ilusión y las ganas de vivir.

Sí cariño, pero ponte un sombrero que aquí en África es sol no es como en España.

Juana y Carlos volvían todos los veranos a Nigeria y Juana formó un grupo de apoyo para las mujeres que como ella sufrían de endometriosis, había problemas tan importantes en su país que el apoyo que Juana les traía era un oasis de amor y comprensión para todas ellas pues no todas conseguían el milagro de ser madres pero intentaban que su vida fuera al menos una vida feliz.

Actualizado (Miércoles, 26 de Enero de 2011 20:23)

 
Banner
Banner
Banner

Nosotros subscribimos Los Principios del código HONcode de la Fundación Salud en la Red Certificado de Web de Información Médica Confiable Principios del código HONcode.
Compruébelo aquí.